9 de septiembre de 2008

La noche oscura del alma

Estuve leyendo un artículo sobre lo que se llama "la noche oscura del alma"en el que se le daba a esta expresión, si bien lo entendí, el sentido de un camino para alcanzar la paz y se atribuía a una tradición europea. Ambos aspectos son veraces, ya que la conozco como más propia de los místicos españoles, como San Juan de la Cruz y posiblemente Santa Teresa de Avila (no me atrevería a jurar le corresponda a ésta). Me quedó una cierta incomodidad, como cada vez que me sacan del contexto, probablemente por el contacto con el dolor al que nos enfocamos tanto en la profesión como también en la vida común (¿necesidad de armonía cognitiva?) Lo que me parece que falta en el artículo es el camino para llegar a la paz, ruta en la que la gran mayoría de nosotros se puede sentir reflejado y menor cantidad siente haberlo traspasado concientemente. Este énfasis personal me atrae porque apunta a las características específicamente humanas de vulnerabilidad en las cuales se esconde como semilla la posible apertura de conciencia que conllevaría a un salto cualitativo. Este trayecto se describe como un período de duración variable que se caracteriza por la vivencia interna de intensa angustia y desesperanza, lo que está de acuerdo con el nombre que se le ha puesto. ¿Por cuantas noches oscuras hemos pasado en nuestra vida? Solamente la inocencia y la ingenuidad de los infantes con buena suerte, pero que no son responsables de su estado, ya que no lo han construído, aún los resguarda de esta experiencia. Los santos en esta circunstancia, se dice que se duelen no del momento adverso , sino de la pérdida de la fe incluso en el Creador.De esta faceta de ellos se habla poco, sin embargo, los acerca a nosotros, mortales comunes, y nos brinda esperanza ya que si seres tan excepcionales pudieron sufrirla, el aceptar pueda existir como parte del ciclo total de la experiencia nos hace y los hace a ellos más humanos y entrega una ocasión para la adquisición de la sabiduría.
En el quehacer terapéutico se viven en ocasiones en la dupla cliente-tratante momentos de desesperanza, en el que el fluir del avanzar ensamblados se va atascando y ambos miembros experimentan la sensación de que no se llega a soluciones, con desilusión y desorientación. Es paradógico que al continuar dejando de lado las recetas conocidas, manteniendo fe en ese estado de falta de fe, al dejar de lado la omnipotencia de "sabérselas todas"y la exigencia de dejar de sufrir, muchas veces la situación sufre un cambio cualitativo a un nivel positivo insospechado. Esta muestra muy modesta de la situación nos acerca a seres tan excepcionales en su fortaleza y capacidad de amor como Santa Teresa de Calcuta, quien pasó por la "noche oscura del alma" mientras todos jurábamos que su ser especial la haría inmune a ella, si es que se nos ocurria plantearnos tal posibilidad. Pero si hasta Cristo antes de su sacrificio voluntariamente aceptado la vivió por algunos momentos, ¿que esperamos nosotros?

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