30 de octubre de 2008

Institucionalidad, femicidio, juventud y pobreza



Nuestra Constitución señala:“es deber del Estado resguardar la seguridad nacional, dar protección a la población y a la familia, propender al fortalecimiento de ésta, propender a la integración armónica de todos los sectores de la nación y asegurar el derecho a las personas de participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional”
Esta utopía se ve diariamente denegada por la realidad social cotidiana, en la que se evidencia marginación, discriminación, malestar físico y psíquico y situaciones desmedradas que afectan a gran parte de nuestros compatriotas. Una minoría de ellos, pese a su número, víctima de los prejuicios desde el comienzo de los siglos es el sexo femenino.
En Alto Hospicio, hace poco tiempo, (aunque la memoria es frágil y más aún en casos que afectan a mujeres pobres) se cometió el asesinato en serie de jóvenes, algunas de ellas recién púberes, en ocasión en que recién se comenzaba a gestar un nuevo concepto, el de femicidio, “que es el asesinato de mujeres por su condición de género, fenómeno vinculado a las relaciones de inequidad y exclusión que ellas sufren,” por lo tanto no es un asunto privado (como era considerado anteriormente por el derecho) sino que “es un fenómeno histórico, de orden social para perpetuar el poder masculino en sociedades patriarcales”.( Diana Russel y Hill Radford)
Lo primero que podemos diferenciar en las víctimas, es que se encontraban en una situación de pobreza ( así como en un estadio de desarrollo juvenil) aspecto que no es y no puede ser considerado definitivo (como se puede entender cuando se habla de “los pobres”) en cuya modificación tiene toda la sociedad responsabilidad y en primer lugar los que están mandatados para gobernar.
Desgraciadamente, desde el punto de vista de las personas que se encuentran en esta situación, se ha ido generando el sentimiento de que en Chile no solamente la sociedad es desigual, sino que es rígida, en el sentido de que las posibilidades que ellos tienen en el futuro tienen más que ver con la situación de origen al nacer que con los esfuerzos y el compromiso de las personas por mejorar Sin embargo, el mayor anhelo de los chilenos es vivir en una sociedad más igualitaria, no sólo en el aspecto material sino también en la calidad de las relaciones interpersonales.
En segundo lugar, los errores no pueden ser atribuidos al azar sino a ideas, conceptualizaciones, representaciones mentales y motivaciones que se unieron para distorsionar gravemente la realidad.
La policía, estimó a estas niñas menores en riesgo social, proclives a prostituírse, con lazos emocionales poco profundos para con su familia , drogadictas, en una situación invivible, que hacía muy posible el abandono voluntario de hogar. Si se las hubiera considerado semejantes en lo fundamental a sus hijas y a las familias de ellos, se las hubiese cotejado con los sentimientos respecto a sus propias familias, y posiblemente habrían tenido mayor acuciosidad y éxito en sus pesquisas. Para ellos suponemos de que esas (niñas pobres muertas y sus familiares) eran muchísimo más lejanos, careciendo de existencia concreta.
La Ministra en Visita mostró principalmente desidia y desinterés, realizando un trabajo descuidado como lo afirmaron sus propios colegas abogados, lo que es gravísimo ya que era la principal responsable de la investigación (¿Cuán lejanas y acorazadas pueden estar las personas cuando les corresponde investigar el asesinato número cien o trescientos?)
Por lo tanto, para el poder judicial, estas niñas estaban en una situación desagradable, de la cual querrían escapar de cualquier manera (lo que hace sospechar proyección de la subjetividad de las personas que tuvieron ingerencia en este caso) Los vínculos con sus padres y otros familiares fueron considerados escasos o inexistentes, Se las estimó, por añadidura promiscuas y adictas, lo que aún las hacía más lejanas y desvalorizadas.
Obviamente influyó tanto en el asesino como en las instancias encargadas de la investigación , otras autoridades y parte de la sociedad, la consideración descalificatoria de las niñas jóvenes por ambas características, por ser mujeres e indefensas.
Algunos representantes del poder legislativo mostraron especial interés y tuvieron alguna iniciativa en la solución del caso, lo que puede atribuirse por una parte a su característica de mantener cierta capacidad de asombro, y al poder estimar a las niñas y a sus padres como semejantes.
Se podría aventurar que tanto la cercanía abstracta de la violencia(en el sentido de acostumbramiento, como podemos, por una parte suponerlo en la jueza) como la excesiva lejanía (en ambos casos psicológica) como ocurrió con los miembros de la Corte Suprema (además del autoconvencimiento de su importancia, que empañaban otros aspectos de sí) actúan en forma negativa con respecto a la solidaridad, empatía y sentido de humanidad de las personas.
El poder Ejecutivo, que mostró cierta indiferencia por el caso en principio, cumplió con el gesto de realizar un mea culpa, que se desvaloriza en parte dadas las escasas reparaciones que han recibido hasta el momento los familiares de las víctimas.
Tanto los errores, descuidos como las causas de ellos, la publicidad negativa con respecto a las asesinadas y la menguada reparación hacen pensar que todo el Estado (sin
dejar de acentuar el poder al que por sus funciones le corresponden las labores de la justicia) sería responsable de violencia contra las mujeres jóvenes asesinadas y sus familias, para probar lo cual sólo basta ponerse en el lugar de los ofendidos.
Todo ello toma matices más serios si recordamos que ya el año 1993, en Viena, la Comisión de Derechos Humanos, de la cual Chile es signatario, reconoció expresamente la violencia contra la mujer como violación a estos derechos, como también la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Como miembro del CDAW,(Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer, dependiente de la ONU) el Estado de Chile debería tomar serias medidas para mejorar la injusta situación de la mujer, de la cual este caso es emblemático. Este comité recomendó al gobierno realizar esfuerzos para mejorar la situación de las mujeres en el país en variados aspectos.
La actitud del Estado aparece teñida de misoginia, como consecuencia de un sistema que mantiene la separación de los desposeídos y la supremacía masculina que mezcla violencia y dominio con sexo. Las víctimas tienen dos características que las convierten en los seres vulnerables del país: ser mujeres jóvenes y pobres. De modo que la institucionalidad debería ocuparse especialmente de las personas que corren el riesgo de caer en categorías que aumentan su indefensión. Por lo tanto, al menos los poderes Judicial y Ejecutivo, en este caso estarían incumpliendo la Constitución del Estado de Chile, y los familiares de las víctimas se encontrarían en situación, si pudieran, de demandar a éste por no respetar en forma flagrante el principio de igualdad de las ciudadanas y ciudadanos y la protección a la familia.

27 de septiembre de 2008

Género y sufrimiento

Desde hace tiempo que las encuestas señalan que la depresión es más abundante en mujeres que hombres (en un uno por cada tres o dos por cada tres, de acuerdo a la fuente) y las acciones disruptivas serían propias principalmente de los varones. Estos datos contribuyen a perpetuar los mitos propios de la distribución de los roles femenino y masculino, es decir, que la mujer es pasiva, o paciente, según el momento o también según se prefiera, encerrada púdicamente en su interioridad, y que el hombre actúa, o sea, en vez de volver la agresión hacia sí la derrama –o lanza-a los objetos externos, sean estos aquellos a los que les correspondería o los que por mala suerte les tocó estar en su radio de acción.
Es ya clásica la pintura de la reacción de cada uno de los prototipos de ambos géneros después, por ejemplo, de una frustración sentimental, y el imaginario común, plasmado en las obras populares da cuenta de ello. Las canciones de allende la cordillera nos describen a un varón que puede ir desde el asesinato hasta, obviamente, pasar largo tiempo cargado de grados etílicos en la pobreza más horrenda vociferando, ya sea oralmente o con la actitud, en contra de la ingrata, a quién somete al escarnio público. La mujer, en cambio, en un tono menor, sufre y llora, calladamente, esperando-con fe digna de encomio, aunque no de sentido común- que vuelva el objeto de su desdicha. Y eso que nuestros vecinos son más extrovertidos a la hora de exponer emociones que el promedio de los chilenos.
Las ciencias sociales se han esmerado en buscar explicaciones a estas diferencias estereotipadas y caricaturizadas en el comportamiento pero que sin embargo no pueden negarse.
Es así como para el más avanzado psicoanálisis, disciplina fascinante para el feminismo, el origen de la tendencia a la mujer para sufrir depresiones se centraría en la relación particular con la madre, que por tratarse de una igual dificultaría el corte que por lo más habitual realizaría el hombre respecto a su progenitora y que posibilita su la identificación masculina= distinto de , de modo que por lo menos a la mujer le costaría mayor tiempo encontrar una individualidad y estaría más propensa a regresiones orales, desgracia que es sabido potencia las depresiones. Panorama poco esperanzador para ellas.
Para otras corrientes más centradas en la sociología la diferencia se centraría en la situación dominador-dominado que se presenta en la sociedad patriarcal desde el comienzo de los tiempos con escasas excepciones entre ambos géneros-intra y extra psíquicamente- y que es aceptada en forma ambivalente en diversos grados por ellos.
Pero, aunque todo lo expuesto es atendible las clasificaciones y las afirmaciones consecuentes dependen del nivel desde el cual nos situemos..
Vienen a la mente las asociaciones que realizamos acerca de la depresión: llanto, desesperanza, soledad, agobio, pena, sentimiento de pérdida de algo (alguien ) valioso, en resumen, sufrimiento, asociadas con la conocida anécdota de Thomas Szasz, ese precursor de la antipsiquiatría que se negaba a encasillar a sus ¿consultantes? diagnostico mediante y los describía simplemente como “personas que sufren”
Parece más amplio señalar que se trata solamente de estilos distintos de expresar el sufrimiento que en ambos casos tienen virtudes y escinden a sus portadores. No hay un monopolio del dolor. La mujer, por las causas señaladas y por otras más, seguramente, no es coherente consigo misma al culparse, autoagredirse y transformar la rabia en pena, considerándose víctima y buenita en última instancia. En cambio el varón, hace caso omiso del sentimiento y expresa su rabia y frustración por medio principalmente de acciones. La una evita la responsabilidad
cabal de la agresión, sentirse potente, y el otro, la responsabilidad completa del sufrimiento, del sentirse perdedor, impotente. En ambos casos hay escisión, empobrecimiento, desintegración y no siempre motivado por fuerzas externas. Se podría concluir que es la honestidad y lo que la posibilita, la autoconciencia como ejercicio frecuente; en ambos casos mencionados lo que contribuiría a disminuir tales diferencias de reacciones con la integridad como ganancia para hombres y mujeres acercándolos en función de su pertenencia común al género humano.

9 de septiembre de 2008

La noche oscura del alma

Estuve leyendo un artículo sobre lo que se llama "la noche oscura del alma"en el que se le daba a esta expresión, si bien lo entendí, el sentido de un camino para alcanzar la paz y se atribuía a una tradición europea. Ambos aspectos son veraces, ya que la conozco como más propia de los místicos españoles, como San Juan de la Cruz y posiblemente Santa Teresa de Avila (no me atrevería a jurar le corresponda a ésta). Me quedó una cierta incomodidad, como cada vez que me sacan del contexto, probablemente por el contacto con el dolor al que nos enfocamos tanto en la profesión como también en la vida común (¿necesidad de armonía cognitiva?) Lo que me parece que falta en el artículo es el camino para llegar a la paz, ruta en la que la gran mayoría de nosotros se puede sentir reflejado y menor cantidad siente haberlo traspasado concientemente. Este énfasis personal me atrae porque apunta a las características específicamente humanas de vulnerabilidad en las cuales se esconde como semilla la posible apertura de conciencia que conllevaría a un salto cualitativo. Este trayecto se describe como un período de duración variable que se caracteriza por la vivencia interna de intensa angustia y desesperanza, lo que está de acuerdo con el nombre que se le ha puesto. ¿Por cuantas noches oscuras hemos pasado en nuestra vida? Solamente la inocencia y la ingenuidad de los infantes con buena suerte, pero que no son responsables de su estado, ya que no lo han construído, aún los resguarda de esta experiencia. Los santos en esta circunstancia, se dice que se duelen no del momento adverso , sino de la pérdida de la fe incluso en el Creador.De esta faceta de ellos se habla poco, sin embargo, los acerca a nosotros, mortales comunes, y nos brinda esperanza ya que si seres tan excepcionales pudieron sufrirla, el aceptar pueda existir como parte del ciclo total de la experiencia nos hace y los hace a ellos más humanos y entrega una ocasión para la adquisición de la sabiduría.
En el quehacer terapéutico se viven en ocasiones en la dupla cliente-tratante momentos de desesperanza, en el que el fluir del avanzar ensamblados se va atascando y ambos miembros experimentan la sensación de que no se llega a soluciones, con desilusión y desorientación. Es paradógico que al continuar dejando de lado las recetas conocidas, manteniendo fe en ese estado de falta de fe, al dejar de lado la omnipotencia de "sabérselas todas"y la exigencia de dejar de sufrir, muchas veces la situación sufre un cambio cualitativo a un nivel positivo insospechado. Esta muestra muy modesta de la situación nos acerca a seres tan excepcionales en su fortaleza y capacidad de amor como Santa Teresa de Calcuta, quien pasó por la "noche oscura del alma" mientras todos jurábamos que su ser especial la haría inmune a ella, si es que se nos ocurria plantearnos tal posibilidad. Pero si hasta Cristo antes de su sacrificio voluntariamente aceptado la vivió por algunos momentos, ¿que esperamos nosotros?

4 de septiembre de 2008

TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE DÉFICIT ATENCIONAL EN ADULTOS ¿NECESIDAD O PREJUICIO?



Ahora, simplemente un acontecimiento nimio me ha hecho volver a plantearme lo rápido que la razón es seducida por nuestra emotividad, estimando dentro de ella nuestros deseos, conveniencias, ideas preconcebidas etc, y la forma en que la ciencia puede ser partícipe involuntaria de ello. Resulta que días atrás me encontré en un par de medios de comunicación artículos que alababan la conveniencia de utilizar terapia medicamentosa para adultos con Síndrome de Déficit Atencional (SDA)(supongo que con secuelas de este cuadro que tan gustosamente es diagnosticado y tratado en nuestro país en los escolares) Temí que se tratara de otra de las series de dolencias (a veces presuntas) que se ponen de moda de tanto en tanto, como las depresiones endógenas –muchas veces autoatribuídas- la depresión bipolar (pocos ahora pueden “tener un bajón” como dicen los adolescentes, o deprimirse a secas) que han hecho estragos entre las féminas, o la psicopatía (en sentido de sociopatía) en muchos varones, para equilibrar las cosas en cuanto a género.
Si bien todos requerimos ayuda por momentos también en el terreno de la salud mental (o sólo de la salud, ya que no existe la división entre cuerpo y psiquis) ¿a qué viene este afán de exagerar la categorización de las personas en aspectos patologizantes con consecuencias peligrosas para la autoestima, la consideración de las personas? Sin dejar de lado temas concretos como los males que pudiesen ocasionar fármacos utilizados en forma inoportuna.
Sucede que el héroe de los últimos juegos de Beijing, Michael Phelps octomedallista olímpico, fue no solamente diagnosticado como sujeto con SDA sino que su profesora le auguró un fracaso seguro en la vida. Como sabemos, otra persona, que fue tildada de débil mental (no se usaba el SDA en ese tiempo) fue Albert Einstein, quien encontraba mucho más entretenidos sus pensamientos que las clases a las que asistía. En mi experiencia como docente me he encontrado con muchos jóvenes de ambos sexos en universidades privadas que han sido catalogados de padecer SDA en su infancia y han estado en tratamiento medicamentoso largo tiempo. Han llegado a estos establecimientos muchos de ellos por sus evaluaciones más bajas que las de sus pares tanto en el colegio como en la PSU. Y sin embargo, en ellas su rendimiento no ha tenido nada que envidiar al de sus compañeros, salvo que muchos han debido superar las secuelas de la antipatía por el estudio e inseguridades acerca de su capacidad.
Creo que en ciertos casos tanto el tratamiento psicológico como la medicamentación se justifican plenamente pero las “modas ” son peligrosas y en este caso, susceptibles de encubrir nuestra “economía mental” y su pariente la comodidad. Estas personas (y muchas más) escapan a las nociones que tenemos de rendimiento laboral y académico, estilos de enseñanza, ritmos de aprendizaje o de trabajo, etc, etc. Se nos olvidan los aspectos positivos de este estilo cognitivo algo diferente tales como gusto por la novedad, desempeño a un ritmo rápido,tolerancia al cansancio, vivacidad, etc, aspectos todos que pueden enriquecer el particular estilo de jefes y docentes en vez de llegar a la segregación de aquellas personas cuyo psiquismo es algo (y solamente algo ) diferente al de la mayoría. De modo que, sin dejar de orientar a aquellos que así lo requieren y cuya terapia les puede brindar luces y organización para que ellos se ayuden, es imprescindible aumentar la tolerancia cultural hacia los estilos cognitivos diferentes, abrir la mente hacia la creatividad e implementar estrategias concretas que nos permitirían aceptarlos y enriquecernos mentalmente con la consideración de algunas de sus características.